Como sabrán, al rey Baltasar le han puesto una denuncia en los juzgados. En realidad se la pusieron hace casi un año, pero como las cosas de la justicia van tan lentas, resolvieron anteayer. Afortunadamente lo han absuelto. Se le acusaba de haber golpeado con un caramelo a una mujer en el ojo durante la cabalgata. La gente, definitivamente, ha perdido el sentido. Dentro de poco los acusarán, a los tres, de millones de allanamientos de morada, perpetrados con alevosía, nocturnidad y empecinamiento, cada cinco de enero desde el tiempo de maricastaña. En fin. Confiemos en que todos estos casos acaben en manos de jueces sensatos como este que le tocó en suerte a Baltasar, y se de fin a todas estas majaderías.
viernes, 9 de diciembre de 2011
jueves, 8 de diciembre de 2011
La fama
Volvíamos a casa los tres después de un paseo, y ya en nuestra acera vimos venir hacia nosotros a la dueña del bar que hay al comienzo de la avenida. Llegó a la puerta de su negocio antes que nosotros y entonces se quedó parada, mirándonos con fijeza, como si nos estuviera esperando. No habremos entrado en ese bar más de cinco o seis veces, y es una mujer muy seria, con la que apenas cruzamos dos palabras, el saludo de cortesía cuando nos encontramos en esa acera, ella a su negocio, nosotros a nuestro rincón.
Cuando llegamos a su altura y ya le íbamos a dar los buenos días acostumbrados y seguir nuestro camino, se dirigió a mí:
-¡Cómo me reí el otro día con tu pesadilla!- me dijo sonriente. Al comienzo no sabía a qué se refería, pero de pronto, antes de que se me pusiese cara de idiota completo, recordé el artículo del jueves pasado.
-Ah, ya...
No está uno acostumbrado en absoluto a estos halagos, y la cara que debía tener, a pesar de saber ya de qué me estaba hablando, era, ahora sí, de tonto total. Le di las gracias, le dije que me alegraba mucho de haberle hecho pasar tan buen rato, y nos despedimos, todos con una gran sonrisa...
-Pues vas a tener que dedicarte a la comedia- me dijo A. mientras ganábamos el portal. -Porque con los poéticos y literarios no te felicita nadie...
-Bueno, una vez me llamó un notario-protesté...
Naturalmente, yo iba crecidísimo, más gordo, más hinchado, más lustroso... Mientras preparábamos el horno, aún no se me había ido la cara de estulticia...
Sin embargo, de pronto se me heló esa sonrisa idiota. Al tiempo que aliñaba tres hermosas truchas asalmonadas, caí en la cuenta de que del mismo modo que a esa buena mujer el artículo la había divertido, habría, entre la media docena que suele leer esas cosas, otros a los que no les habrá hecho maldita la gracia, González Moraga al margen, y que si me encuentran un día por la calle, a lo mejor también les da por hacérmelo saber y... Entonces ya se me quitó la cara esa, y se me bajaron todos los humos... Era mucho mejor cuando esos textos los sacaban sin foto...
miércoles, 7 de diciembre de 2011
Dos artículos
El domingo valió la pena comprar el periódico por estos dos artículos: Los restísimos, de Elvira Lindo, y Matar al euro, de Paul Krugman. Aquí los dejo.
La tesis del primero es esta: "El problema del Valle de los Caídos es el Valle de los Caídos". Y a partir de ahí, se desarrollan los argumentos más sensatos que uno ha leído nunca sobre tan ténebre asunto.
La tesis del primero es esta: "El problema del Valle de los Caídos es el Valle de los Caídos". Y a partir de ahí, se desarrollan los argumentos más sensatos que uno ha leído nunca sobre tan ténebre asunto.
La del segundo, la que sigue: "Aunque los líderes europeos siguen insistiendo en que el problema es un gasto demasiado elevado en las naciones deudoras, el auténtico problema es un gasto demasiado reducido en Europa en su conjunto. Y sus intentos de arreglar las cosas exigiendo una austeridad cada vez más severa han desempeñado un papel decisivo para empeorar la situación". No parece que la realidad le lleve la contraria y, sin embargo, ellos, erre que erre. ¿Por qué será?
martes, 6 de diciembre de 2011
Lunes de noviembre en Baeza
Ya que a Jaén no es posible, al menos nos acercamos hasta Baeza, a dar un paseo... Hacía casi diez años desde la última vez...
Baeza está, como todo el mundo sabe, en uno de esos cerros de Úbeda tan famosos. Podría ser, por tanto, un barrio de Úbeda. Naturalmente, esto los baezanos no lo aceptarán, y argumentarán que bien podría ser al revés. Llevan razón, pero uno conoce mucho más la primera de esas ciudades, y muy poco la segunda, y viéndolas tan monumentales a las dos, y tan semejantes, pues le parece a uno, cuando visita de pascuas a ramos el lugar de Baeza, como si no hubiese salido de Úbeda... Sin embargo, supongo que, como sucede con todas las cosas que se parecen tanto, resultarán, al cabo y si se miran bien, bien distintas. No lo sé.
Visitamos el aula donde dio clases Machado. Cuentan sus biógrafos que con poco entusiasmo. Es un lugar oscuro, frío, deprimente... La mesa del profesor, los pupitres, el encerado, los mapas colgados en las paredes y un viejo mueble lleno de libros, podrán ser o no los de aquellos años -seguramente no-, pero tenían todos el aire disecado de las cosas muertas... Tal vez sea original la mesa del profesor, porque estaba rodeada con unos cordones rojos de esos que se ponen los militares de alta graduación por los hombros, aunque a lo mejor tampoco, y los han puesto, esos cordones, para hacernos pensar que es la misma a la que se sentaba don Antonio... Lo que se agradece es que no hayan colocado allí la figura de cera del poeta.
Había una guía que le estaba hablando al grupo que pastoreaba de los zapatos del poeta y de su torpe aliño indumentario. Recordó A. entonces que su profesor de literatura les contaba que tenía el poeta una novia en Úbeda, y que muchas tardes se iba caminando hasta allí para hablarle y que hacía luego tertulia en una farmacia de la plaza. A lo mejor era esa la razón de lo lamentable de su zapatos, que ocho kilómetros de ida y ocho de vuelta fatigan el mejor de los calzados.
El palacio de Jabalquinto es precioso y monumental, con sus piedras labradas, su patio de esbeltas columnas y su fuente, pero lo verdaderamente hermoso está frente a él, la iglesia de Santa Cruz, un templo pequeño, románico y desnudo. Al lado de la cercana catedral, encumbrada en lo alto de otra melancólica plaza, esa iglesia diminuta nos emocionó realmente. La catedral parece un castillo con sus contrafuertes de fortaleza y ese aire ausente y tremendo, muy lejana en lo más alto de una plaza también demasiado grande y tan solitaria...
Bajando en busca de un refrigerio, encontró P. una curiosa exposición, la del que allí llaman Padre Sifón, un hombre que tras jubilarse de su oficio de fabricante de sifones y gaseosas, se dedicó a hacer detalladísimas miniaturas de todos los monumentos de su pueblo. El Padre Sifón se llamaba Diego Lozano y esculpía esas miniaturas a las que no les falta ni un solo detalle en piedra marmolina -parece nombre inventado por Cunqueiro y, por ello, piedra prodigiosa y mágica- que le llevaban hasta su taller desde la lejana provincia de Lérida. Don Diego murió hace poco más de un año, y nos lo enseñó todo su viuda, una mujer simpatiquísima que se pasa en ese taller todo el día, para mostrárselo a quien lo quiera ver, y para hablarles de su marido. "Hasta que se le haga un museo", nos explicó. En el taller está todo como lo dejó su difunto, con las lámparas que utilizaba en su trabajo minucioso, y los complicados alargadores y ladrones donde las enchufaba. Encima de las vitrinas donde se guardan sus obras, las paredes se ven llenas de avisos filosóficos que él colgó, y recortes de periódicos que dieron noticia de su arte, y muchas fotografías y, cada dos pasos, la petición de un donativo para sufragar los gastos de luz, y debajo de cada de uno de ellos una hucha. Dejamos un euro y, tras despedirnos con grandes cortesías, nos fuimos a tomar unas cañas y ya nos volvimos a Úbeda.
lunes, 5 de diciembre de 2011
Maruja Ruiz Martos
La escuchamos ayer por la mañana, cuando encendimos la radio para escuchar a Martí Gómez. Fue emocionante. Estábamos haciendo la cama y fuimos poco a poco ralentizando nuestros movimientos, el edredón nórdico entre las manos, hasta quedarnos totalmente quietos, inmóviles, envueltos por las palabras de esa mujer. Existen los políticos, sí, pero también gentes como esta mujer admirable. Terminé lleno de esperanza.
P.D. Una pequeña biografía de Maruja AQUÍ.
viernes, 2 de diciembre de 2011
Seguir perdiendo
Desde que comenzó la liga aún no han ganado ningún partido. El viernes pasado perdieron 59-43 y P. metió una canasta, un tiro lejano que entró limpiamente en la cesta. Hoy 43-15 y P. volvió a encestar una vez, en esta ocasión en un fulgurante contraataque, entrando a canasta con estilo y con los pasos contados como las memorias de Corpus Barga. También dio dos asistencias. Tanto él como el resto de sus compañeros celebran cada punto como una victoria, y cuando terminan los partidos están tan campantes. Si un día llegan a ganar a alguien, la celebración será espectacular.
En el coche, cuando volvemos a casa, yo le animo mucho, comentándole que, a pesar de la derrota, lo ha hecho muy bien, y que el siguiente partido será, sin duda, mejor que el anterior. No quiero que se venga abajo. La psicología moderna, y la pedagogía del día también, hacen mucho hincapié en esto, en la importancia de la autoestima. Así que yo, mientras conduzco, le alabo mucho. Sin embargo, aunque me escucha con agrado, a P. le da exactamente igual, y vuelve a casa tan feliz y contento que nadie sería capaz de adivinar tan abultadas derrotas detrás de su buen humor y su sonrisa. Por supuesto que le agradaría ganar, pero eso, para él, es un asunto secundario. Salen del vestuario riéndose con ganas, y en el coche, después de que yo le cuente todo lo que me ha gustado de su juego y de su equipo, cambia de tema:
-¡Qué gusto, papá, ya es viernes! ¡Y hasta el miércoles no tenemos clase! ¡Qué maravilla!
jueves, 1 de diciembre de 2011
Un sueño
El artículo de hoy es onírico. Es el relato de una pesadilla que aunque no he llegado a tener, bien podría haberme asaltado cualquier noche y, lo que es peor, nadie puede asegurarme que no acabe soñándola un día de estos.
Es, también, un ajuste de cuentas con un columnista que jugaba hace años al fútbol con nosotros. Era concejal del ayuntamiento y dejó de ir cada jueves cuando lo llamaron para sustituir a uno de los suyos en el Parlamento. Fue poco antes de las elecciones anteriores. Cuando se marchó, en el vestuario quedamos todos muy melancólicos y pensativos, no por lo que perdíamos sino por ver qué clase de personas nos representaban a los ciudadanos en esa santa casa. "Si todos son como este...", suspirábamos.
A los pocos meses, tras aquellas elecciones, dejó su acta de diputado y regresó. Sin embargo, en lugar de volver a jugar al fútbol, los jueves los dedicó a publicar unos artículos muy cómicos en el periódico. Bueno, cómicos me lo parecen a mí, que él los escribe cada semana muy en serio. Son todos muy parecidos: Zapatero era Satán, Lucifer y todos los demonios juntos, y los conservadores, en cambio, grandes estadistas todos, benéficos, divinos y angelicales. A medida que la crisis se extendía, se ha ido creciendo el hombre, y ya los últimos eran terribles y rabiosos, algunos ciertamente violentos, clamando contra aquellos que aún iban a votar a los pérfidos socialistas, y tildándolos de masoquistas y tontos perdidos.
Un día también escribió a propósito de la educación. Bueno, de la educación exactamente no, pues ese es asunto que debe de traerle al pairo, sino de las protestas de los profesores. Era un artículo de los más cómico. Como un trilero torpe, timaba a los lectores falseando todos los datos posibles con grosería y sin vergüenza y trataba de ridiculizarnos a los quejosos por, según él, no haber protestado antes. Opinaba que en el fracaso de la educación, culpa culpísima de los socialistas, habíamos sido nosotros, los de las camisetas verdes, cómplices necesarios, ya que nunca habíamos dicho esta boca es mía ante los despropósitos zapateriles y barreriles. Pensé en mandarle todos los artículos que habíamos publicado al respecto a lo largo de todos estos años, y cantarle las cuarenta, porque al final de esa columna también creí adivinar que se metía conmigo por haberme quejado de que un economista se encargase de los asuntos educativos... Me lo afeaba diciendo que nunca me había quejado, sin embargo, de que Leire Pajín fuese ministra de Sanidad...
Sus argumentos son siempre así, del tipo "¿por qué no dijiste nada cuando los socialistas, esos seres viles y malévolos, gobernaban?" Si alguien se mete con los suyos, siempre contesta de un modo semejante, en el estilo y tú más...
Pensé en escribirle, pero luego pensé: ¿para qué?, y lo dejé pasar.
No le escribí entonces, pero ahora me ha sido imposible impedir que se me colase en mi sueño, y ahí aparece retratado. Como un artista pintor, lo único que espero es que se perciba el parecido...
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