miércoles, 30 de noviembre de 2011

Jot Down

No recuerdo cómo dimos con ELLA, seguramente aquella tarde escribimos en el google uno de esos nombres que admiramos: Enric González, Santiago Segurola, Manuel Jabois... No lo sé. El caso es que fue muy agradable decubrir en internet una revista que parecía hecha a la medida de nuestros gustos y afinidades. Como cuando te hacen un mueble para el baño. Allí estaban todos ellos, en columnas y reportajes, pero sobre todo en largas y pausadas entrevistas como las que ya es muy difícil encontrar en los periódicos -en estos, entrevistas tan extensas solo publican las que les hacen a algunos políticos encumbrados, presidentes de gobierno o algo semejante-. Más que entrevistas, se trata de conversaciones amables, inteligentes, reposadas... Siempre da muchísimo gusto leerlas.

Hace unos días, publicaron, efectivamente, una CONVERSACIÓN entre Martí Gómez y Enric González. Deliciosa y ejemplar. A Martí Gómez lo escuchamos todos los fines de semana en la radio, y nos da igual el asunto del que se ocupe, porque siempre lo hace maravillosamente bien, profundo y ligero al mismo tiempo, divertido, jugoso, didáctico. Escéptico y sentimental. Como el gran reportero que es, conoce multitud de historias y gentes, ha tratado con todo el mundo, hablado con estos y aquellos, visitado palacios y chozas,  y da la impresión de saberlo todo de casi todo. Pero lo más importante es cómo nos lo cuenta, la manera sencilla y natural de narrar todas esas cosas, sin darse ninguan importancia, sin levantar la voz ni impostarla... Consigue siempre que parezca que estamos escuchando a un  viejo amigo muy sabio y divertido en la barra de un bar y ante dos cervezas...

En esta conversación, en la que nada tiene desperdicio, me quedo muy pensativo, por lo que me toca, con lo que sigue:

" En general los blogs tienen un defecto, y es que son onanistas, se trata de alguien que habla de sí mismo". Como siempre, qué razón lleva.

martes, 29 de noviembre de 2011

Ténebre

El fin de semana anterior me lo pasé corrigiendo unos exámenes de 2º de Bachillerato, lo que antes se llamaba COU.

Este año tengo un curso de muchachos encantadores, sonrientes, amables, educados. Esto, que con la edad que tienen estos chavalotes debería ser moneda corriente, de un tiempo a esta parte se ha vuelto difícil de encontrar.

Últimamente lo normal es que el alumno de bachillerato sea un poco cazurro, bastante desinteresado, muy poco trabajador y mantenga ciertas actitudes absurdas y pueriles... Esos comportamientos, en un chiquillo de 1º de la ESO, uno los puede entender, y tratar de corregirlos con dulzura y compresión. Pero a unos mozarrones de 18 años nos entran ganas de mandarlos a la mierda...

Afortunadamente, este curso la gente que me ha tocado es, lo repito, encantadora. Hubo momentos en los que fantaseé con la idea de que iban a aprobar todos...  Yo a la mínima me dejo llevar por el idealismo y las imaginaciones más optimistas... Sin embargo, son ya muchos años en este oficio y algo me decía que a lo peor no iba a ser así, que iba a ser como siempre... Efectivamente, el examen ha sido un desastre. Han aprobado, de 24, cinco...

He tenido que leer cosas prodigiosas, como por ejemplo que fue un tal Martínez, y no Moratín, como se creía hasta ahora, quien escribió El sí de las niñas; que la conocida  fábula se titula La cigala y la hormiga; que Bécquer era un gran novelista... Bien es verdad que no me he encontrado con nada comparable a aquel alumno que subió a los altares a un personaje universal, canonizándolo, y como sigue lo escribió: "San Chopanza".

Pero de entre todo ese erial, me encuentro de pronto con una flor inesperada y llena de hermosura: la palabra ténebre, que una muchacha me escribe en lugar de tenebroso. Aunque se trata una palabra que no existe en español, merecería que le hiciéramos un hueco y la recogiésemos como hacían los conventos con los expósitos... La tienen los italianos, con el significado de tinieblas... A esa muchacha ya le he dicho que si en cada examen hace un descubrimiento semejante, aunque sus notas sean insuficientes, yo la apruebo... "Oscura y ténebre se presentaba la noche...." No me digan que no suena precioso... Le he pedido permiso para usarla, y este mismo jueves, en el artículo del periódico, la voy a sacar a escena.



P.D. Hace tan solo unos minutos he recibido un correo de mi amigo, colega, compañero y tocayo E. G., en el que me recordaba unas páginas de "Los cuadernos de la Romana", de Torrente: "Dispongo de tiempo suficiente. Como confío en que, en el Instituto en que voy a enseñar, no se lleven las cosas muy al pie de la letra, despacharé mi obligación con las catorce horas lectivas que la legislación me exige"(p. 8).
"15 de octubre. Primer día de clase. Todavía no tengo una impresión, ni buena ni mala" (p.20).
Y encima tendría unos alumnos estudiosísimos, aplicados y serios, que le escucharían con devoción y le sacarían unas notas excelentes en los exámenes. Los tiempos, qué duda cabe, mudan y se trastocan.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Domingo en El Bonillo (otra vez)

Hace 18 años lo hacíamos muy a menudo, acercarnos a este pueblo, los domingos, a comer, pasear un poco y airearnos. Lo primero lo hacíamos en un pequeño bar de la plaza con un camarero tan educado, fino y cortés que, comparado con la mayoría de los naturales de ese pueblo, parecía haber cursado estudios superiores en la Sorbona... Las  gentes de El Bonillo eran entonces muy particulares. No sé si lo seguirán siendo. En realidad solo conocíamos a los jóvenes de entonces, a los que dabamos clase en Alcaraz. Al resto de la población casi se podía decir que no la llegamos a ver nunca, pues cuando llegábamos no encontrábamos nunca a nadie en las calles, solitarias todas, y tampoco en el paseo o a la hora de marcharnos. Aquellos jóvenes bonilleros eran todos un poco sanchopancesco ellos, y muy dulcineas ellas. Porque El Bonillo siempre nos ha resultado muy quijotesco.


En las alquerías arruinadas que se encuentran en el camino aún se pueden leer frases como esta: "El Bonillo es una nación" o "Los ojos de las bonilleras brillan más que las estrellas". Cómo no leerlas con una sonrisa en los labios. Y aún más, cómo no pensar en el melancólico hidalgo paseando silencioso y aburrido en un pueblo como este, y perdiendo la cabeza. 


Lo del nacionalismo acendrado es algo que, si te das una vuelta, no se acaba de entender bien, al comprobar que sigue sin verse un alma por las calles. Si les gustase tanto su pueblo, lo pasearían más, pensamos. Pero quién sabe. A lo mejor lo que les despierta ese orgullo es el Greco que guardan en la sascristía de la iglesia de Santa Catalina, o los quesos prodigiosos que se elaboran en algunas de sus casas, o la Fonda de Santiago, que fue donde comimos y que goza de merecida fama entre los glotones y sibaritas de más de trescientos kilómetros a la redonda...






Finalmente, lo de airearse, en noviembre, es facilísimo, pues es un lugar muy encumbrado, y soplan sobre él vientos muy fríos y destilados... Eso sí, vivifican de un modo indudable...


Ayer hacía un día precioso, de un azul muy limpio, con nubes deshechas como hilos de lana blanca... En la calle no había nadie, solo un par de chiquillos que jugaban al balón... En El Bonillo, ya queda dicho, nunca se ve a nadie por las calles...

viernes, 25 de noviembre de 2011

Las hojas huérfanas

Todos los otoños, cuando llega el frío y soplan vientos crudos e inclementes, algunas de las hojas caídas del paseo vienen a buscar refugio a nuestro portal y nos las encontramos, cada mañana, acurrucadas en una esquina o esparcidas en desorden. Doradas, oxidadas y quebradizas como las manos de los viejos, entran por debajo de la puerta y pasan allí la noche. A mí me gusta mucho encontrarme el portal así, lleno de hojas huérfanas. Sin embargo, los vecinos no son de la misma opinión, y las de la limpieza las recogen cada día y las echan a la basura...


jueves, 24 de noviembre de 2011

Iñaki Uriarte II

Cuando me enteré de que habían publicado el nuevo tomo de los diarios de Iñaqui Uriarte, corrí a la librería a por él. Como no lo tenían, lo dejé encargado.

El mismo día que me avisaron de su llegada, publicaba Trapiello en su blog una entrada curiosísima en la que abría un hueco en su bitácora a las palabras de su mujer, que le hace una crítica contundente al libro. En realidad, más que una crítica se trata de una enmienda a la totalidad...

A mí el primer volumen de esos diarios me gustó bastante, y creo que lo vinimos a contar aquí, pero como soy un hombre sin personalidad, los defectos que le señalaba la mujer de Trapiello me hicieron dudar y mantenerme un par de semanas sin acercarme al libro. 

La crítica es un correo electrónico que le manda su mujer a Trapiello estando los dos en casa, porque al parecer es una casa con un pasillo muy largo y a veces se comunican así, para evitar darse voces. No es un texto breve. Y está muy bien escrito. Y las cosas que le reprocha al libro de Uriarte seguramente son razonables: que es un libro sordo, que el autor compone una figura antipática y engreída, que se toma a Montaigne como una hacienda familiar en usufructo, que es literatura de balneario,etc.

Sin embargo, a mí ese asiento del blog de Trapiello me dejó muy mal sabor de boca. No sé, mientras pensaba en ello no dejaba de imaginarme al pobre de Uriarte cuando leyese esas cosas, y me parecía que era un buen bofetón que Trapiello le propinaba por mano de su mujer, y que no había ninguna necesidad de hacer tal cosa, y menos delante de todo el mundo.

Y en segundo lugar, una vez leído este segundo volumen, pienso que esa crítica, por muy bien fundada que esté, no le hace justicia a un libro que parece no pretender nada más que hacer pasar un buen rato, en primer lugar a su autor al escribirlo, y después a unos lectores que ya saben que no se van a encontrar en él la solución a las grandes cuestiones de nuestro tiempo. Un rato como de balneario, efectivamente.

Es legítimo que  a la mujer de Trapiello no le guste este libro, y una vez leídas sus reservas, se comprende perfectamente. Ahora, sacarlo ahí, en el blog, como bajo palio, a mí no me ha parecido un buen gesto.

Mira que le profesamos una admiración enorme al señor Trapiello, y que sus libros nos gustan como pocos otros, pero esto que ha hecho -como eso de retratarse en tercera persona en algunos de los asientos de su bitácora, hermosísma casi siempre, por cierto- no nos ha gustado nada.




miércoles, 23 de noviembre de 2011

En la barbería

Ayer fui a cortarme el pelo. Llevo haciéndolo en la misma barbería desde hace doce años, una que abrieron entonces al lado de casa, en un local que antes regentaba un zapatero remendón. Conserva un poco el aire de entonces. Al comienzo tenía, al lado de la ventana, un jaula con un papagayo que jamás consintió decir una sola palabra, a pesar de que quien se lo vendió al barbero le juró que en un negocio como el suyo raro sería que no empezase a articular algunas al poco tiempo. Luego el papagayo lo vendió y en su lugar hay ahora una imagen de cartón de Jaime Cantizano, tamaño natural, atusándose unos cabellos brillantísimos, que hasta el momento tampoco ha dicho nada.

 Una vez al mes acudo a esa barbería a que G. me discipline los pelos y a arreglar el mundo. Porque nada más entrar nos enredamos en una conversación que es siempre la misma, como si retomásemos el hilo de lo dicho en la anterior visita. Como Fray Luis, al abrir la puerta doy los buenos días y digo: "Como decíamos ayer...", y retomamos la conversación. Básicamente hablamos siempre de lo mismo, esto es, de lo mal que andan las cosas de este mundo. G., que es más joven que yo pero empezó en esto de la barbería muy pronto, es un gran descreído, aunque, como él mismo reconoce, carga un poco hacia la derecha. Pero ha visto mucho, ha escuchado mucho, y se ha vuelto ya muy escéptico.

Conoce a multitud de gentes, empleados en las más variadas actividades, y por tanto posee un enorme caudal de información sobre todo tipo de cuestiones prácticas y, cómo no, sobre el modo de vida de las gentes de hoy. Yo, si fuese sociólogo, iría a cortarme el pelo con una libreta y un bolígrafo. A G. la gente le cuenta su vida, sus glorias y sus miserias, y él les ecucha paciente y comprensivo. Yo le cuento poco, yo soy más de escuchar, y es allí donde una vez al mes me entero de las novedades del barrio, de los impuestos que deben soportar los autónomos y, sobre todo, de lo negras que se está poniendo las cosas.

Me lo paso muy bien porque G. es un narrador muy entretenido y guasón, y todas esas cuestiones las ilustra siempre con dos o tres historias ejemplares que le han sucedido a él o a algún colega. Como la de aquel señor que le llegó un día muy enfadado porque no le gustaba cómo le habían arreglado en otra peluquería cercana y luego no le quería pagar alegando que ya lo había hecho en la primera...

En la barbería de G., mi barbería, escuché yo hace ya muchos años, cuando nadie decía nada ni lo sospechaba, que esto iba a romper un día, y que esos encofradores que se cortaban el pelo en el mismo sillón en el que yo me siento, y que ganaban seis mil euros al mes y conducían unos BMW enormes como trasatlánticos, acabarían mal, que eso no podía ser... Y efectivamente, no ha sido. Ahora esos muchachos están en el paro y los ve pasar G. por delante de su puerta manejando unos viejos y descacharrados ibizas...


martes, 22 de noviembre de 2011

Resistiré

El señor Artur Mas, que es un señor de derechas, ha anunciado hoy una serie de medidas muy ocurrentes para arreglar esto de la crisis. A saber: bajarle el sueldo a los funcionarios catalanes -él, adulador, les ha llamado servidores públicos-, subir las tasas del agua y las basuras y cobrar más por utilizar los transportes públicos. Él se ve que no es servidor público, porque que se sepa va a seguir cobrando lo mismo, y que suba el billete del autobús tampoco le va a  afectar demasiado pues viaja en coche oficial y hasta le pagan dietas de desplazamiento, supongo que para las propinas que le dará al chófer... Son medidas tan brillantes e imaginativas que no me extraña lo abultado de su sueldo y de esas dietas. Me imagino que don Mariano ya habrá tomado buena nota. Porque estos catalanes han sido siempre vanguardia y saben muy bien lo que se hacen...

De manera que, ante lo que se avecina, hemos decidido que cada mañana, antes de poner un pie en la calle, vamos a ver este vídeo, para cargarnos de moral y poder continuar riéndonos un poco...