viernes, 28 de febrero de 2014

Elogio de la cama

Llegados al fin a la orilla de este largo fin de semana de cuatro días -hasta el miércoles no volvemos al instituto- disfrutamos pensando en lo bien que vamos a estar sin la obligación de madrugar.

Fantaseamos ya con el tiempo extra que vamos a pasar en la cama, e incluso acariciamos la idea de no levantarnos. Con una radio cerca, tres o cuatro libros y un orinal, a lo mejor podíamos pasar todo este tiempo sin salirnos de la cama, pensamos...

Luego, lo más probable es que incluso madruguemos, y que hagamos mil cosas, de aquí para allá, pues también eso nos gusta. Sin embargo, ahora, no dejamos en pensar en esa posibilidad de quedarnos varados entre las sábanas, bajo el edredón nórdico, al abrigo de las inclemencias del tiempo y de la vida.

Qué invento la cama. Ya lo decía Descartes, que consideraba "que en ninguna parte mejor que en la cama se preparaban unos exámenes ni se pensaba ni se estudiaba mejor y con mayor fruto". Pues eso.




                              

jueves, 27 de febrero de 2014

Día ajetreado

El jueves pasado fue un día largo y vario. Después de cinco clases, por la tarde nos fuimos al Partido de los Jueves, al que llamamos así porque lo celebramos ese día de la semana desde hace ya muchos años.

Luego, duchados y muy satisfechos por la actuación de nuestro equipo -solo hicimos tres jugadas dignas de ese nombre, pero tan hermosas que no solo nos sirvieron para conseguir un empate, sino también para salir del pabellón con una sonrisa en los labios-, nos acercamos a casa de los cuñados, a celebrar el cumpleaños de F. Le regalábamos un bastón, y estábamos inquietos. Aunque es evidente que lo necesita tras su operación, temíamos que nos lo fuese a tirar a la cabeza. También le habían comprado sus hijas un pañuelo y un par de golosinas más, pero lo del bastón nos preocupaba. Decidimos dárselo cuanto antes. 

Lo miró con desconfianza. En ese primer momento, estoy casi seguro de que se le pasó por la cabeza comenzar a darnos con él en las corvas. Pero se contuvo.

- Esto me va hacer muy abuela...-musitó mientras lo medía con la vista.

-Hombre, F. tienes cuatro nietos, uno de ellos con veinticinco años...

-Ya, pero yo no quiero parecer una abuela... Desde luego, cuando vuelva al pueblo, allí no lo voy a usar...-y continuaba sopesando el bastón.

Finalmente, salimos de allí indemnes y, antes de volver a casa, pasamos por el Indiano, que es un café muy acogedor, para la inauguración de una exposición de un compañero de A., Chema Arake, que es un dibujante espléndido, con un mundo propio muy sugerente. Nos gustó tanto que hasta compramos un dibujo, como si fuésemos coleccionistas. 

Llegamos al fin a casa, cansados y felices. Eso fue el jueves pasado. Hoy, tras ganar 6-3, volvimos a casa sin más. F. ya tiene el bastón guardado en el armario.


(Todo se arreglará -el dibujo que hemos comprado-)


miércoles, 26 de febrero de 2014

Eternos lectores

"El Doncel de Sigüenza, el inquisidor del Corro en San Vicente de la Barquera, el obispo Alonso de Madrigal en Ávila y Dante en Rávena..."

Nos recordó a todos estos eternos lectores JJL en su última novela. Hermosa manera de pasar la eternidad...






martes, 25 de febrero de 2014

De náutica (II)

Al tanto de nuestros escarceos natatorios, nuestra amiga  M. J. nos ha regalado un manual de natación. 

Es un librillo precioso que encontró en la feria de antigüedades de hace un par de semanas. Al verlo, se acordó de uno y nos lo compró.

Es un libro en octavo, de la editorial Aguilar, impreso en Madrid en 1943 y titulado Método de natación. Lo firma un tal Bertram Galbraith, nada más y nada menos que ex-director de Deportes Acuáticos de los Exploradores de Nueva York -ahí es nada-. Tiene, además, las huellas de uno de sus propietarios anteriores. Escrito en tinta azul, se lee al dorso de la portada:

Reigsegnements: 
Rue La-Fayette, nº. 3-A
Maison de repas (Hôtel )
Tanger (Internacionale ville)

Nom du posseur: 
Mikel Pascal Dols.
Nationalité: espagnolle
Age: 16
Lieu et date de naissance: Castellon.
1947

Salvo lo de haber nacido en Castellón, el resto -esa ciudad y ese nombre- rezuman poesía y misterio. Si vive aún, este Pascal Dols tendrá, por tanto, 82 años. Lo he buscado por internet, pero no he encontrado nada. Pascal es apellido italiano, y Dols aragonés. Pero nada más.

En la contraportada, ha dejado dibujado este muchacho, con la misma tinta azul, un mapa del norte de África y el Peñón de Gibraltar, desde el que ha trazado dos flechas, una en dirección a Tánger y otra a Tetuán...

Nada más abrir el libro, el prólogo ya nos ha encandilado:

"El autor de este reducido tratado ha sido un afortunado profesor de este deporte durante muchos años. Antes de salir del colegio fue director de deportes acuáticos de Exploradores de Nueva York y del campamento de Dan Beard (U.S.A.). Estudió la natación espectacular y artística y de ningún modo es un entrenador de caballos de carreras humanos. Lo que más le atrae son los casos más recalcitrantes. Sus conocimientos le permiten realizar su trabajo en cuatro idiomas".

Imagínense la ilusión al vernos reflejado en esos "casos recalcitrantes" y cómo vuela la imaginación al comprobar que se puede nadar en varios idiomas...

Tras este comienzo espléndido, pasa luego a dar testimonio de lo mucho que le debe el libro a sus capaces y famosos maestros, Mattew Mann, instructor de natación de la Universidad de Michigan, y Robert Kiphuth, de la universidad de Yale. Y continúa afirmando que el libro no habría sido posible "sin la colaboración de Louise Galbraith, esposa y alumna del autor, la cual posó en agua fría para la mayoría de las fotos" .

Aunque habla en tercera persona, como Julio César en La Guerra de las Galias, se ve que es un hombre agradecido, y así, prosigue recordando a aquellos que le ayudaron a pulir su español, "algo áspero": don Fernando Esteban, "nadador veterano, periodista ocasional y aficionado lingüista", don Mario Verdaguer, destacado literato español que "nos ha prestado el inestimable beneficio de sus consejos artísticos y lingüísticos", y don Luis Ramallo, "famosísimo jurisconsulto de Palma, que ha sido valiosísimo en lo concerniente a la tramitación de los derechos y publicación de esta obra..."

Para terminar pasándose a la primera persona: "Finalmente, expreso las gracias a mis editores", y ponerle el broche a este prólogo con una sapientísima sentencia, llena de humildad y regusto clásico:

"¡Que no es empresa de un hombre solo el hacer un libro!

Palma de Mallorca, mayo 1943"

El contenido del libro resulta, como no podía ser de otra forma, muy didáctico. Por ejemplo, al ocuparse de asunto tan capital como la respiración, dice: "La respiración tiene en el crawl una importancia vital; de ella depende, en parte principalísima, la mayor o menor fatiga del nadador. Una buena respiración permite el recorrido de largos trayectos sin fatiga alguna, al tiempo que una respiración indisciplinada, aparte la fatiga que produce ya en recorridos cortos, puede ser fuente de diversos obstáculos como, por ejemplo, tragar agua, quedar sin aliento, etc." Leemos este pasaje afirmando con la cabeza, pues, como en esos "casos recalcitrantes" del prólogo, nos sentimos muy identificados, sobre todo en esas últimas frases. Por ello, aconseja, antes de lanzarse al agua, practicar con una jofaina. "Aconsejamos recurrir a ella cuando el alumno quiere ser directamente controlado por su profesor sin enfriar los huesos de uno y otro (en cuyo caso el principiante se extenderá en el suelo, boca abajo, con la cara puesta en una palangana llena de agua y hará todo lo explicado en el segundo capítulo). En el crawl no podremos pasarnos sin los ejercicios de palangana para ejercitarnos en la respiración. El principiante se echará en el suelo, boca abajo, ante una jofaina llena de agua salada o dulce..." Lo mejor de todo es que estas explicaciones vienen acompañadas de un buen número de fotos en las que se ve a un señor (¿será don Fernando Esteban, el nadador veterano y periodista ocasional el modelo?) metiendo el rostro en una palangana a modo de ejemplo...

Yo, impresionado, ya le he preguntado a A. si tenemos una jofaina por casa, para practicar y llevarla el sábado, junto con las aletas, al cursillo.

Y así paso la tarde, embebido en este libro antiguo... Y creo que esta lectura me va a venir muy bien...



(elmalditoirlandes.blogspot.com)

lunes, 24 de febrero de 2014

De náutica (I)

Siempre he sido muy envidioso de esos nadadores -ellas o ellos- silenciosos y elegantes que, con apenas  un par de brazadas, cruzan toda una piscina olímpica o llegan, desde la orilla, a mar abierta. Sin levantar una gota de agua y sin aparente esfuerzo ni fatiga, con la misma naturalidad con la que otros respiramos, vencen la resistencia del agua como una flecha el aire.

Uno, dentro del agua -medio muy hostil, según nuestra amiga H.-, solo sabe mantenerse a flote -que no es poca cosa-, pero al intentar avanzar unos metros componemos la más desmañada figura que imaginarse pueda: agitamos, rígidos, las piernas; braceamos sin ton ni son, desacompasadamente; por mucho que abramos la boca, apenas somos capaces de meter en los pulmones una bocanada de aire; finalmente, tragamos notables cantidades de agua -clorada o marina, depende- que nos hacen sacar la cabeza y agitarnos como pollos lanzados a un estanque. Por todo ello, no pasa mucho tiempo cuando ya andamos sin resuello, bermejos, sin aliento, asfixiados... Y lo que es peor y muy humillante, a pesar de tan grandes esfuerzos, apenas nos hemos movido un punto del lugar de partida...

Fue por todo esto, además de por la fantasía inocente de prolongar los dulces días del verano, por lo que decidí apuntarme, los primeros de septiembre, a un curso de natación. Los sábados y domingos, a prima hora. Sin embargo, como no había plaza para el primer trimestre, me apunté en el segundo, que comenzaba a finales de enero... 

Ya casi me había olvidado de ello cuando llegó el momento de empezar... Por uno de esos desacuerdos que tienen a veces las administraciones, aunque uno estaba apuntado a un cursillo de iniciación, en la piscina que me asignaron -una que está a cinco minutos de casa-, impartían solamente cursos de perfeccionamiento... Afortunadamente, la monitora que me tocó en suerte me pidió que me lanzase a la piscina y que tratase de nadar, a ver qué sucedía... Obedecí de inmediato y di unas cuantas brazadas, tratando de disimular mi múltiples carencias. Sorprendentemente, decidió quedarse conmigo, supongo que por la única razón de que no me ahogué...

-No sabes respirar y estás totalmente descoordinado -me dijo con un tono neutro-, pero te puedes quedar.

Esta decisión me alivió mucho pues, de no admitirme, tendría que haber ido a otra piscina que está en los confines de la ciudad...

Llevo ya seis clases. Sigo sin saber respirar bien y tampoco he logrado coordinar mis movimientos como es debido. Incluso en una ocasión, practicando el estilo espalda, me golpeé en la cabeza al terminarse la piscina y no darme cuenta a tiempo de ello... Sin embargo, de vez en cuando consigo un par de brazadas buenas, respiro con regularidad un par de metros, muevo las piernas armoniosamente dos o tres segundos... Le he preguntado a mi monitora, una muchacha bajita, fibrosa y paciente, si cree que llegaré a saber nadar algún día.

-Por supuesto-me contestó sin dudarlo.- Todo es cuestión de práctica...

Como es natural, soy el último de la clase, el más torpe, y muchas veces me manda unos ejercicios diferentes a los de los demás. Soy, en esas clases, como aquellos muchachos que, por lo que fuese, iban un tanto retrasados y colocaba el maestro a su vera, en su misma mesa, para poderlos ayudar... A mí me pone en la calle uno, junto al borde de la piscina, para tenerme cerca y recordarme, cada dos por tres, cómo debo realizar los movimientos: 

-E., escucha, primero un brazo, cuentas hasta tres soltando el aire por la nariz, y luego el otro, sacas la cabeza y respiras... Pero despacio, relajado, que parece que te persigue alguien...

Y yo intento hacerle caso, pero al rato ya estoy como esos gorrinos que lanzaban a las aguas de un pequeño muelle, en las fiestas de Perán, entre Perlora y Candás, para que el mozo más hábil lo alcanzase y se quedase con él... Y le repito la pregunta a mi monitora pequeña, fibrosa y paciente:

-¿De verdad crees que voy a conseguirlo?

-Pues claro, peores cosas he visto...

Es muy buena persona mi monitora.



(altorendimiento.com)

viernes, 21 de febrero de 2014

A pares (II)

Y hay que decir que llueve...

Es el gallego, como todos los pueblos, un pueblo sabio, y sus refranes, como todos los refranes de todos los pueblos que son, un modo de sabiduría afinado por los años, la experiencia y una manera particular de mirar las cosas del mundo. El gallego, es un tópico, es ese ser escéptico y sentimental que vive en una esquina sobre el océano y que ha colonizado medio mundo sin decir una palabra más alta que otra, sin aparatosas estrategias bélicas, sin trompeterías ni solemnidades, tan solo con una maleta de cartón y un dulce acento. El gallego es saudadoso y desconfiado y cree que además de las cosas que vemos, existen otras, escondidas e intangibles, pero igualmente ciertas. El gallego, se recuerda mucho, puesto en mitad de una escalera es difícil precisar si sube o si baja. A mí, esta imagen me parece un emblema claro de esa sabiduría de la que hablábamos, porque, si se piensa solo un momento, la mayoría de las veces uno no sabe bien hacia dónde es mejor tirar…
Cuando hablo del gallego y sus refranes, me refiero, claro está, al gallego popular, al gallego normal y corriente que, como toda la gente normal y corriente, se parece mucho a todo el mundo. El otro gallego, el cortesano, el cacique o el registrador de la propiedad, ese es como todos los registradores de la propiedad, como todos los caciques, como todos los cortesanos que en el mundo hay…
Pues bien, tiene ese gallego popular un refrán que me parece una radiografía perfecta de estos tiempos. Dice así: “Mexan por un e hai que decir que chove”“Mean por uno y hay que decir que llueve” (todo el mundo lo habrá entendido a la primera, pero me hacía ilusión traducirlo, por la fantasía de creer por un momento que sabemos gallego…).
Y aquí debería terminar este artículo. En realidad el artículo debería constar únicamente de esas nueve palabras. Para eso están precisamente los refranes, para decir mucho con poco. “Refrán” (título), y luego: “Mean por uno y hay que decir que llueve”. Y punto y final.
Con esto creo yo que habría bastado. Sin embargo, uno es un poco charlatán y, además, casi cada día, al escuchar el boletín informativo de la radio, o al asomarnos a internet, o al ver uno de los telediarios de la tele, se nos viene a la cabeza este dicho, que suena dentro de nosotros, una y otra vez, con el suave acento galaico, con toda la melancolía de la lluvia mansa. Vamos por la casa como alma en pena camino de San Andrés de Teixido, murmurando esa sentencia, en gallego, por supuesto, y tenemos a la familia muy preocupada.
De manera que si alargamos este escrito es por ejercicio terapéutico, a ver si así se nos pasa la manía.
Todo este asunto trágico de la crisis se puede explicar con esa frase. Es indudable que mean por nosotros cuando nos abocan sin remedio al desempleo con una reforma laboral indecente, o cuando dejan a la intemperie a los más desfavorecidos y arropan a los poderosos, o cuando hacen de la justicia su sayo, favorecen el fraude fiscal de los grandes y ahogan a los pequeños. Es evidente que mean por nosotros cuando desarbolan la sanidad y la educación públicas y favorecen las clínicas privadas y los colegios del Opus, o cuando se enriquecen a manos llenas con dinero público mientras cantan las bondades del liberalismo y desahucian a los más indefensos y débiles…
Mean por nosotros cada día pero salen luego a contarnos que no son orines, no, eso que nos empapa, sino lluvia, una lluvia además benéfica que va a hacer de este país un lugar maravilloso; porque, gracias a ella, crecerá la hierba en los bancales y se poblarán de árboles los yermos; aparecerán los puestos de trabajo como nacen las setas en el otoño o la primavera y todos seremos felices y comeremos perdices…
Mean sobre nuestras cabezas cada día y no entienden que, desagradecidos, nos quejemos de que se pasen todo el tiempo arrojándonos esas inmundicias. Y así, están haciendo de este país un gran orinal en el que aliviarse cuando les viene en gana, corruptos y prostáticos.

En fin, que lo que dice el gallego: “Mexan por un e hai que decir que chove…”



(denia.com)


jueves, 20 de febrero de 2014

A pares (I)

Desde que nos fuimos del periódico, ya se ha dicho aquí, publicamos los artículos que seguimos escribiendo en una página que se levantó para ello. Para que pudiésemos continuar matando el gusanillo y desahogándonos a gusto.

Cuando salían en el periódico, escribíamos una vez al mes, pues ese era el compromiso. Ahora, sin embargo, liberados de él, pasa el tiempo y no encontramos el momento de ponernos a componer ninguno. Y no por falta de asuntos, que cada día saltan tres o cuatro que nos encienden, sino por pereza. Y así, corren las semanas sin que nos demos cuenta y nosotros ni una línea. Y si un día nos ponemos, pues no sabemos cómo empezar, o cómo seguir -si hemos logrado un par de líneas-, o, en el mejor de los casos, cómo concluirlo... Menos mal que nuestro amigo Cristóbal Guzmán lo mantiene vivo con los suyos - ígneos y espléndidos-.

Escribimos, por tanto, de pascuas a ramos, y, cosa curiosa, de dos en dos. Así de nuevo esta vez, que tras meses sin escribir ni pío, nos salieron al encuentro dos ocurrencias, medrosas, raquíticas, balbucientes, pero ocurrencias al fin. Y de una tacada escribimos dos artículos. El primero, este:


Ce n´est pas une pipe

Desde Pedro Salinas no había escuchado uno un uso de los pronombres más creativo, radical, expresivo, emocionante. “Tú, y cuando digo tú digo él, pero digo tú…”, recitó, enérgico y racial, el presidente Rajoy en su fiesta vallisoletana, esa en la que hace un par de semanas se reunieron las gentes del partido para abrazarse, lanzarse piropos y brindar por ellos mismos, por lo bien que lo están haciendo, por lo guapos y elegantes que son, y lo honrados… Tanto se entusiasmaron que hasta la señora de Cospedal, llevada sin duda por ese delirio embriagador, dijo a su vez eso tan existencial y escalofriante de que será el PP o la nada.
Todo esto es, sin duda, pura vanguardia, puro dadá. Casi cada una de las actuaciones del gobierno, y sobre todo las declaraciones que vienen a continuación, incluidas en estas los silencios del presidente, o sus intervenciones plasmáticas, o sus contestaciones incongruentes –recuerden lo que respondió cuando le preguntaron por el batacazo de la doctrina Parot: “Llueve mucho”, dijo…-, todo eso, digo, viene directamente y sin filtrar del corazón de lo absurdo, de una vigorosa raíz surrealista.
Esos malabarismos del presidente con los pronombres (“Tú, y cuando digo tú digo él, pero digo tú…”, no me canso de escucharlo), no habrían sido posibles sin la obra germinal de su discípula más aventajada, la señora de Cospedal, en aquella intervención antológica del finiquito simulado, verdadera performance del discurso automático. La gente entendió mal aquella declaración memorable. No era una declaración política, sino una obra de arte, de un arte nuevo, modernísimo, original, imaginativo, irracional, humorístico y un tanto deshumanizado, como querían las vanguardias…
A este gobierno se le entiende mucho mejor en esa clave de los ismos de principios del siglo XX… Visto bajo esa perspectiva, todo se comprende mejor. Estos hombres y estas mujeres que nos gobiernan son mucho más que políticos. En realidad, estamos ante unos verdaderos artistas, virtuosos del absurdo que dejan una obra maestra en cada actuación. Es el suyo un arte total que lo mismo te regala un poema -¿qué otra cosa es ese “Tú y cuando digo tú digo él, pero digo tú”, sino un inspirado verso, casi un alejandrino?-, que una escultura como la de Fabra a la entrada del aeropuerto de Castellón –verdadero monumento surrealista, el aeropuerto, no la escultura -, o esos cuadros de los presidentes del Congreso –también vanguardistas todos ellos, aunque en este caso no por el estilo, sino por el precio pagado-…
“Dadá no significa nada”, declaraba Tristan Tzara en su manifiesto, y esta es la frase que guía las declaraciones de nuestro presidente, la clave de esas obviedades que suele declarar en sus contadas intervenciones, tan mal entendidas…
De esta manera, se comprende que el programa del PP no debe leerse como tal, sino como un manifiesto artístico. No hay, por tanto, ni incumplimientos electorales ni un desvergonzado fraude al ciudadano, nada de eso. Se trata de una manera de entender el mundo, el caos y el sinsentido que rodean al ser humano. Cuando el ministro del Interior dice que limitará los derechos de manifestación y protesta para garantizar la seguridad de los ciudadanos; cuando el de Justicia presenta la nueva ley del aborto como una ayuda a las mujeres y la tilda como la más progresista que haya habido jamás en este país; cuando antes el de Hacienda explicó, en intervenciones gloriosas, una amnistía fiscal para los grandes defraudadores al tiempo que amenazaba a otros contribuyentes; todo esto y mucho más, repito, no es política, que es arte. Un arte radical, gamberro y destructor –muy destructor- de las convenciones burguesas y de todas las convenciones que sean.
La única pega es que, como casi todo el arte de vanguardia, sale carísimo, un ojo de la cara nos está costando…
“Ce n´est pas une pipe”, escribió Magritte bajo el dibujo de una pipa. Pues eso. A ver si lo entendemos de una vez.


(Mañana el segundo).