lunes, 13 de mayo de 2013

Victoriosa temporada

Aunque P. ha seguido jugando al baloncesto, este año no hemos traído hasta aquí crónica alguna de los partidos de su equipo porque los han ganado todos.

La derrota era mucho más poética. Y más pedagógica. Lo de esta temporada ha terminado por convertirse en un asunto bastante monótono.

Los motivos de este cambio radical son tres:

1. C. M., uno de los mejores amigos de P., y el mejor jugador del equipo incluso en aquellos tiempos oscuros de derrotas sin fin, llegó del verano pasado con varios centímetros de más y varios kilos de menos,  convertido en un jugador infalible capaz de hacer mates en los calentamientos -en los partidos se lo tiene prohibido el entrenador-.

2. El entrenador, F., un muchacho muy guapo y alto que llegó desde Cáceres para jugar en el equipo de liga nacional y que los ha dirigido dulce y sabiamente, haciéndolos progresar a todos muy rápido, un poco mejores cada partido que jugaban... Todas la madres estaban encantadas con él. Al final de cada encuentro lo rodeaban para felicitarle. Yo se lo he recordado a A. todos los viernes, para ver si se animaba a llevar ella a P. al partido y podía quedarme, al menos una jornada, remoloneando en el sofá. Pero se ha acabado la temporada y no lo he conseguido.

3. El paso del tiempo. Este año son todos los del equipo, además de C.M., más altos y fuertes que el anterior, y hasta les han comenzado a brotar pelillos en los sobacos. Un año mayores que la mayoría de jugadores del resto de equipos. A veces, cuando C.M. hacía una de sus entradas a canasta, yo cerraba los ojos, por miedo de ver cómo arrollaba a todo el equipo contrario y los dejaba esparcidos por el suelo.

El viernes jugaron el último partido de la temporada. En el tercer cuarto ya habían cerrado el marcador.


(www.blogdebasket.com)

jueves, 9 de mayo de 2013

Un récord

Ayer, al terminar la clase, se me acercó S., un pequeño pícaro de 1º B.

-Profesor -me dijo muy serio-, sabe usted que hay un récord Guinness que consiste en partir un espagueti colocándolo entre el labio y la nariz- se colocó el lápiz en ese lugar, a modo de ejemplo.- Pues el récord está en dos espaguetis... y yo rompo ¡tres!

Me quedé un rato mirándolo, plantado delante de mí con el lápiz todavía sobre el labio. 

-Lo tengo grabado y lo he colgado en yutube - añadió.

Podría haberle dicho cualquier cosa, mandarlo a la mierda, por ejemplo, pero S. es un alumno muy educado que cada vez que no trae las tareas me pide perdón o disculpas. Lo hace todos los días. Unos me pide perdón y otros me pide disculpas. Pero nunca hace un solo ejercicio. No escucha nunca las cosas que les explico. No se ha leído ninguno de los libros que les he ido mandando. No ha aprobado ningún examen, ningún trabajo. 

-¿Y a qué esperas para decírselo a los del Guinness?- le pregunté.

Luego le pedí la dirección de yutube, para ver ese vídeo. No lo encontré.

miércoles, 8 de mayo de 2013

De algunos libros y sus autores

Mi compañero J. y yo llevamos unos cuantos años poniendo en orden la biblioteca del instituto. Hemos buscado una nueva ubicación para la mayoría de los libros, organizado colecciones y géneros, comprado, cuando se podía, nuevos ejemplares, y, sobre todo, los hemos catalogado en el ordenador y les hemos  restañado las heridas a los que lo precisaban y puesto nuevos tejuelos a todos... Acabados los armarios de la literatura, la historia, la filosofía y las ciencias experimentales, llego yo ahora -J. es este curso jefe de estudios y no le faltan cada día otras ocupaciones- con el apartado de la tecnología... No sé cuántos años llevarán esos libros allí encerrados. El primer día se me cayó encima el cristal. Se ve que se asustó, tanto tiempo sin que nadie lo abriera. Todos los lunes, después de trabajar allí, tengo que lavarme las manos durante cinco minutos... Pero no me importa. Me tienen enamorado estos libros técnicos. Son casi todos muy antiguos, de los años cincuenta, ediciones bien bonitas, con ilustraciones y unos títulos magníficos que, en combinación con el nombre de sus autores, dejan un aroma futurista y antiguo en la imaginación...  Traigo hasta aquí algunos:

 Tú y el motor de Heinze.

 Motores de explosión de Lorenzo Alfredo Dupin.

Estabilidad y comodidad de los vehículos terrestres de Víctor de Buen, Premio Juan de la Cierva de 1949.

Motores diésel rápidos del ingeniero Luciano Bonacossa.

Mecánica elemental de Forner Carratalá.

Los Cilindros excéntricos de Goded.

Mecanizado de herramientas de diamante de Modesto Ortuño.

El wolframio como elemento aleado en los aceros de construcción, sin autor.

Libro de las roscas de Casillas.

Galvanostagia, también sin autor.

Recetas de taller de Spitzer.



martes, 7 de mayo de 2013

Catorce kilómetros

El sábado nos fuimos los amigos  a comer a Tinajeros. Los catorce kilómetros que separan Albacete de ese pueblo los hizo cada cual como más le apeteció: los chiquillos y R., en patines; C., P. y quien esta crónica escribe, en bicicleta; y el resto, en coche. Estos últimos, por la nueva carretera nacional; los patinadores, por la vieja vía, aquella en la que se mató Rommel Fernández, mítico delantero panameño, cerrada ahora al paso de los coches o las motos y habilitada para paseantes, ciclistas y otros seres sin motor; y nosotros tres, dando un rodeo por caminos y sendas de tierra, primero hacia Chinchilla y luego ya, en línea recta, hasta ese pueblo de Tinajeros, a comer en Los Martínez, famoso por sus gazpachos, sus arroces caldosos, su hígado a la plancha y otras mil golosinas...

Nada más salir, nos neutralizó un rebaño de ovejas. Quijotesco... Se entiende que el hidalgo confundiese  el suyo con lo que más le placía en aquel momento. Al verlas en la lejanía, difuminadas en el polvo que sus patas suspendían en el aire, podría pensarse en cualquier cosa. Cuando las alcanzamos, comenzaron a ponerse nerviosas como señoritas remilgadas. Se les movían las orejas muy graciosamente. Luego, se desviaron a una granja y nos dejaron el camino abierto.

Nos dirigimos hacia las primeras lomas de la sierra de Chinchilla. Estaba el campo precioso, verdes los trigales, amapolas en las orillas, también jaramagos, y un buen montón de otras plantas y flores anónimas que no supimos nombrar... En el cielo flotaban ociosas unas nubes pequeñoburguesas, redondas, blancas y satisfechas, que descansaban de sus muchas travesías en la mañana plácida y serena... Me pareció a mí que contemplaban nuestros pedaleos con escepticismo...

Después de un tramo de carretera, volvimos a los caminos cervantinos, entre las amapolas rojas y la cebada verde y tierna. De vez en cuando, dejábamos a un lado un pequeño vertedero clandestino o los muros arruinados de alguna  vieja alquería... Al fondo se escuchaba el zumbido de abeja de las motos que corrían en el circuito. Era el camino una cinta blanca tendida entre esos campos floridos, cortándolos recta y firme. Se podría hacer, con esa imagen, un buen cuadro moderno. Un Van Gogh, por ejemplo. Al final, esa cinta vertical e inquebrantable se empinaba imperceptiblemente y, una vez terminada esa subida, apareció a nuestros pies, delante de nuestros manillares, recogido en un pequeña hondonada, el pueblo de Tinajeros.

Paramos allí, en esa cumbre modesta, y nos sacamos unas fotos junto a una lagunilla que, nos explicó más tarde el tabernero que nos dio de comer, fue el lugar donde nació el pueblo. Que llegaron a él, no hace más de trescientos años, unos de Chinchilla que se asentaron allí por el agua y lo arcilloso de la tierra, y que comenzaron a hacer tinajas, orzas y otros enseres de barro cocido. Pero que luego, cuando se abrió el canal, se desplazó el pueblo más abajo, etc., etc.

Comimos y charlamos largamente sobre un buen montón de asuntos, comentamos lo de la oración del autobús -había división de opiniones-..., y ya nos volvimos todos en coche menos nosotros tres, que esta vez sin rodeos, emprendimos el viaje de vuelta paralelos al canal. Iba este colmado de agua. El campo, por esa ruta, se veía igualmente magnífico, amarillo a un lado, y cardos y amapolas al otro. Y en el canal patos; y en el camino, gazapos que lo cruzaban nerviosos cuando nos sentían llegar... En algunos lugares, se había desbordado el agua y formaba extensas lagunas. Una fauna de aves acuáticas paseaban muy formales sobre ellas, como las gentes una tarde de domingo por la calle mayor o el espolón... A veces se nos clavaban los cardos en los tobillos, o se nos prendían espiguillas en los talones. Íbamos como en el poema de Panero...

Yo he sido transparente
viajando en bicicleta,
con brisa en los pedales
y trigo en la chaqueta.

Al final, encontramos el camino descarnado, con las piedras desnudas como huesos, seguramente porque también el agua llegó a él...

Atardecía cuando llegamos a la ciudad.


(www.casaturismorural.com)

lunes, 6 de mayo de 2013

Oración en el autobús

La semana pasada, dos maestros del cole de P. tuvieron el valor y la gallardía de llevarse a sus alumnos de excursión por ahí. En concreto, los subieron a un autobús y se fueron con ellos hasta la serranía de Cuenca, a visitar el nacimiento del río Cuervo y el Hosquillo un día, y, tras pasar con ellos una noche en el albergue de Tragacete -qué abnegación, qué valor-, los llevaron el siguiente hasta el nacimiento del Júcar y luego a una mina de hierro que ya explotaban los romanos y que es hoy un pequeño museo.

Los recogimos el viernes a las diez de la noche. Bajaron del autobús eufóricos y felices. Los padres, todos sin excepción, encontramos a nuestros hijos más altos que cuando se fueron, un día antes...

Durante la excursión, se pasó A. pendiente del teléfono móvil porque una monitora, que iba como apoyo de los maestros heroicos, prometió crear un grupo de whatsapp para ir informando puntualmente del desarrollo de la excursión. 

Efectivamente, nada más llegar a su destino conquense, escribió esa muchacha que el viaje se había desarrollado sin tropiezos, que teníamos unos hijos muy bien educados y responsables y que ya estaban en camino de las fuentes del Cuervo. Luego, el silencio. El grupo de whatsapp se lleno de los mensajes de madres que a duras penas disimulaban su angustia. "¿Por qué no dan señales de vida?", escribió dramáticamente una. "A lo mejor, en esas serranías no hay cobertura", trató de tranquilizar otra... "Si hubiese sucedido algo malo, ya lo sabríamos", reflexionó una tercera... Así, toda la tarde. Un sinvivir.

Al final resultó que aunque los beneméritos maestros habían pedido que no llevasen los chiquillos teléfonos, la mayoría había desoído ese consejo y casi todo el mundo -a excepción de nosotros y otra media docena de padres- había hablado con ellos. Como era de esperar, todo seguía bien y al atardecer ya volvían al albergue sanos y salvos.

Llegó P., ya queda dicho, muy contento y más alto. Antes de acostarse nos contó unas cuantas cosas: que el paisaje  de esas sierras es hermosísimo; que pudieron avistar, en la lejanía del valle del Hosquillo, osos y lobos; que, para desesperación de don R., apenas durmieron, muertos de risa casi toda la noche, y que, cuanto más los amenazaba don R., más se les desbordaba la risa a todos...

La única sorpresa que nos llevamos, aparte de la que tuvimos al abrir la maleta de P. -calzoncillos y calcetines, los limpios y los usados, todos juntos en un revoltijo impresionante; las zapatillas nuevas empapadas por las aguas hermanadas del Júcar y el Cuervo ...-, fue cuando nos contó que al arrancar el autobús el jueves, un señor que los acompañaba, al parecer el organizador de la ruta, les puso el himno de la Virgen de los Llanos y les comunicó que, como era costumbre en la empresa, les dejaba cinco minutos para rezar.

-Y vosotros que hicisteis- le preguntamos al borde de la indignación.

-Nos reímos todos mucho. Nos pareció una broma buenísima...



(www.parqueelhosquillo.com)

jueves, 2 de mayo de 2013

Conversación telefónica

La semana anterior pasé un buen rato en correos, viendo a gentes muy variopintas. Estaba uno allí para mandarle el regalo de cumpleaños a G. y la pegarata -en mi pueblo, regalo que le hace el padrino a su ahijado por la Pascua- a R. Embutí los dos obsequios en una caja y los facturé rumbo al norte.

A los dos días, recibí la llamada de mis sobrinos. Pensé que era para agradecerme esos presentes, que ya habrían llegado a sus manos. No era exactamente así. Me comunicaron que, efectivamente, ya los tenían en su poder, pero que había surgido un conflicto. G., el mayor, pensaba que los dos regalos que encontraron dentro de esa caja eran para él. R. no había sido de la misma opinión, y al parecer había habido un pequeño intercambio de, llamémoslos así, pareceres. 

Lamenté mucho haber sido el causante de esa disputa, y les aclaré cómo debían repartirse esos presentes. G. lo aceptó, pero nos informó de que el juego que le estábamos diciendo que era para su hermano, traía en la caja que era indicado para niños de cuatro a ocho años, y que R. aún contaba solo tres. 

Luego, cambiando completamente de tema, nos preguntó si sabíamos lo que estaba merendando. Como le dijimos que no, trató de ayudarnos:

-Mira, huele...- y escuchamos cómo, al otro lado del teléfono, exhalaba un enérgica bocanada de aliento.
-¿Qué estoy merendando?-insistió.
-¡Chocolate!-aventuramos sin aventurarnos mucho.
-¡Sí!

Quedó encantado G. con nuestro acierto, y el conflicto, al parecer y de momento, completamente olvidado.




miércoles, 1 de mayo de 2013

Algunas preguntas para este 1 de mayo

Si el Día del Trabajo se celebra en un país con más de seis millones de parados -y los que vendrán-, ¿no habría que ir pensando en cambiarle el nombre a esta festividad?

Si la ministra de trabajo no ha trabajado nunca y su gestión más seria es ponerse de rodillas y pedirle ayuda a la Virgen del Rocío, ¿también habría que ir pensando en cerrar ese ministerio y mandar a la ministra a su casa?

Si todas las medidas que se toman cada viernes en el Consejo de Ministros hacen más grande la herida -la de la deuda, la del paro, y no sé cuántas más...-, ¿será que los intereses de los que toman esas decisiones no tienen nada que ver con las de los trabajadores?

Si el Congreso -por el Senado ya ni se pregunta- solo sirve para que se desahoguen unos y otros escupiéndose su aparente desprecio -qué manera de cerrar el micrófono la pequeña Soraya Sáez de Santamaría- y no se decide nada porque ya llega allí todo cocinado..., ¿no sería mejor evitarnos ese bochorno a los ciudadanos?

Si ya apenas se habla de trabajadores - los proletarios se extinguieron hace ya mucho tiempo-, sino de ciudadanos, y a estos se les toma el pelo una y otra vez, ¿habrá que buscar otras denominaciones para el común de las gentes -¿chusma?, por ejemplo-?

Si los partidos y los sindicatos están más interesados en mantener sus negocios particulares y de esa incómoda chusma solo se acuerdan cuando llegan las elecciones, ¿qué democracia es esta?

Si muchas de las leyes que rigen nuestra convivencia, y no pocos de los artículos de la Constitución, no son más que papel mojado, ¿a qué esperan los que deben arreglar ese desaguisado?

Y, para acabar, dos últimas cuestiones:

Si vive uno en una región que ha caído bajo la advocación de Mª Dolores de Cospedal, sacrificada mujer de mantilla y contratos diferidos o disimulados, pero no vemos ningún otro territorio mejor gobernado, ¿a qué lugar puede uno huir?

Si el presidente del gobierno es un señor que ni sabe ni contesta, ¿qué se puede esperar?

Amargo día este, desde luego...