miércoles, 19 de marzo de 2014

Librerías

Con mucho gusto hemos leído Librerías, de Jorge Carrión.

Y ahora que no tenemos otra cosa que hacer, componemos nosotros la lista de las nuestras:

Paradiso, en Gijón.  ("Los libros solo se escriben para, por encima del propio aliento, unir a los seres humanos, y así defendernos frente al inexorable reverso de toda existencia: la fugacidad y el olvido").

Cervantes y Ojanguren, en Oviedo. ("Una actividad que a estas alturas de la evolución humana ya debería ser casi natural: leer es como caminar, como respirar, algo que hacemos sin que sea preciso pensarlo antes").

Valdés, de viejo, también en Vetusta, frente a El Campillín., con aquel niño repelente, hijo de los dueños, que coleccionaba primeras ediciones. ("Tocar libros viejos es una de las pocas experiencias táctiles en que puedes conectar con el pasado remoto").

Herso y La Popular, aquí, y Circus, y el puesto de El Joven en la Plaza Mayor, los domingos. ( "Los libros son la llave del conocimiento, de la razón y de la felicidad, y cualquiera debe tener el derecho a acceder a ellos a precios asequibles...").

Y dos o tres, en mi pueblo, que ya no tienen nombre porque cerraron hace ya muchos años. ("Algunas librerías se encuentran en el fin del mundo. Pero todas, absolutamente todas, se encuentran en un mundo que tal vez llegue muy, muy lentamente, a su fin").

Y una en Barcelona, donde nos sentamos en el sillón donde solía hacerlo Perucho, compramos dos libros de Pla que nos envolvieron con un esmero enternecedor y nos pasamos un par de horas hablando con la dueña. ("Una librería no solo tiene que ser antigua, también debe parecerlo").

Y algunas que visitamos en Logroño, Cádiz, Bilbao, Valencia, Madrid... ("La librería como templo donde se albergan ídolos, objetos de culto, como almacén de fetiches eróticos, fuentes de placer (...). Porque la librería se nutre de una energía objetual que seduce por acumulación, por abundancia de oferta, por dificultad de definir la demanda, que se concreta cuando se encuentra al fin el objeto que excita, que reclama una compra urgente y una posible lectura posterior...")

Y otra en Budapest, donde no pudimos comprar nada, como en  Praga, en Lisboa (Bertrand), Londres, París, Roma, Florencia y Ammán. ("Para el lector occidental Oriente comienza donde lo hacen los alfabetos desconocidos")

Y The Temple of the Muses, en el Londres del siglo XVIII, cuyo dueño, James Lackington, dejo dicho lo que ya queda escrito más arriba, pero que vamos a repetir: "Los libros son la llave del conocimiento, de la razón y de la felicidad, y cualquiera debe tener el derecho a acceder a ellos a precios asequibles..."

Y, claro, todas aquellas en las que nunca hemos estado pero con las que soñamos cuando les pedimos algún libro por internet...







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