sábado, 26 de septiembre de 2015

El tuteo

Se levantó el otro día una polvareda tremenda a propósito del trato que le dio una joven periodista al  rey joven -el otro, el viejo rey, anda por ahí- en una breve entrevista televisiva. Al parecer lo tuteó sin vergüenza y eso, a la mayoría, le ha parecido impropio e indignante. Y mientras ponían de hoja perejil a la joven e intrépida reportera, alababan al mismo tiempo la naturalidad y bonhomía con que el rey joven soportó semejante despropósito.

Esto último me llamó la atención. ¿Cómo se supone que debería haber reaccionado? ¿Habría sido comprensible que la abofetease delante de las cámaras, al mismo tiempo que le recordaba a la muchacha su triste condición de plebeya?

No sé, a mí el tuteo, con gente con la que no tienes la mínima confianza, me gusta poco... Hace un par de semanas, por ejemplo, me negué a tutear a un padre que no cesaba en insistirme para que lo tratase de ese modo... Pero como siempre me ocurre con la monarquía, me da la impresión de que estas gentes coronadas lo quieren todo. Ser reyes pero sencillos; heredar de papá -mamá y las hermanas no cuentan- un trono y una corona, como comenzó a estilarse en la Edad Media, pero pasar por modernos, dinámicos y gentes de su tiempo; sostener un estricto protocolo, pero romperlo cuando a ellos les venga en gana... No sé. Se cuenta del padre de este rey joven -el viejo rey que anda por ahí- que tenía por costumbre o vicio tutear a todo quisqui. No escuché entonces a nadie afeárselo o protestar. Al contrario, se le celebraba mucho. Se hablaba con admiración de su campechanía. No sé. Uno, si tuviese que hablar con este rey joven, lo trataría sin duda de usted, y del mismo modo esperaría ser tratado. Lo que tampoco sé es qué se puede hablar con un rey.


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